Cerca de 4 mil personas asumen el reto cada domingo de subir a pie o en bicicleta a la Vereda El Carmen.

Vereda El Carmen, un plan ecoturístico sin salir de Villavicencio

Los 3.5  kilómetros de ascenso a este  montañoso lugar, camuflado en las faldas de la cordillera oriental y a tan solo unos minutos del casco urbano, se han  convertido en ruta obligada  para grandes y chicos que buscan  exigir su cuerpo  bien sea  caminando, trotando o en bicicleta, y  de paso, tener una de las mejores vistas que se pueda apreciar de la llamada  “Puerta de los Llanos Orientales”.

Son  las 5:30 de la mañana  del domingo  y todo está listo para comenzar la dura travesía;  con un par de amigos hemos  definido  el punto de partida en el artesanal puesto de jugos Doña Luisa, 100 metros más arriba de la portería del conjunto residencial Balcones de Toledo. Tras  realizar un ligero calentamiento, ponemos  el cronometro en ceros, alistamos los audífonos en  nuestro reproductor de música personal  e iniciamos el empinado recorrido a la vereda.

Los primeros pasos ya marcan lo duro que será la subida, y con apenas  unos minutos de caminata   se comienza a ver a lado y lado de la vía, que la naturaleza será nuestra fiel compañía durante todo el trayecto: a  mano izquierda se aprecia  un embarcadero de ganado  con aroma a café cerrero y al otro costado, un amplio lote tal vez con una decena de vacas pasteando o con sus terneros al lado.

Cuando el camino comienza a volverse más escarpado  (ya va 1 kilómetro andado  en 15 minutos), mágicamente aparece un caserío de 25 viviendas todas al costado derecho donde está el Paradero Doña Ruth, reconocida tienda con venta de agua, tinto, jugo de naranja, de zanahoria  o extractos verdes y  punto casi que obligado para tomar un descanso.

En este sector y siendo las 5:45  de la mañana, se reúnen un grueso número de ciclomontañistas, atletas o simplemente caminantes  que deciden coger  un segundo aire o facilmente  apreciar  las tonalidades del sol  que van del rojo al naranja, mezclados con el azul y blanco del cielo,  señales inequívocas que ya está amaneciendo en la capital del Meta.

Según el licenciado Julián Preciado, coordinador del programa de Actividad Física del Instituto Municipal de Deporte – Imder Villavicencio, fácilmente entre las 6 y las 9 de la mañana, son aproximadamente 4 mil personas las que usan ese corredor ecológico todos los domingos. De lunes a sábado  la cantidad de usuarios promedia los 400 amantes de la naturaleza y el deporte.

Bienvenidos a la Reserva Forestal

Con vallas como esta, Cormacarena informa que esta es un área protegida para la conservación y regulación del agua, la preservación de la fauna y la flora que habita en el municipio de Villavicencio.

Después del pequeño receso y cuando la travesía comienza a tornarse más dura, una valla instalada  en el costado izquierdo de la vía por la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Área de Manejo Especial La Macarena- Cormacarena, advierte  que  “Aquí inicia la reserva forestal Buenavista. Esta es un área protegida para la conservación y regulación del agua, la preservación de la fauna y la flora que habita en el municipio de Villavicencio”.

Y es que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible estipuló mediante resolución 1762 del 4 de noviembre del 2014 el plan de manejo de la Reserva Forestal Protectora Quebrada Honda y Caños Parrado y Buque – “Buenavista”, que es el nombre técnico por donde estamos transitando en estos momentos.

Posteriormente con la expedición decreto 1076 del 2015 se determinó   las categorías de áreas protegidas que conforman el SINAP (Sistema Nacional de Áreas Protegidas), donde se encuentra situada esta reserva  como un “…Espacio geográfico en el que los ecosistemas de bosque mantienen su función, aunque su estructura y composición haya sido modificada y los valores naturales asociados se ponen al alcance de la población humana para destinarlos a su preservación, usos sostenible, restauración, conocimiento y disfrute.”

Ya con 1.600 metros de ascenso en 21 minutos, aparece otro punto  de hidratación llamado “Donde Chavarro”, parador que pasa desapercibido para los ciclomontañistas pero no para los grupos numerosos de a pie,   que normalmente ahí recargan ahí  energías, aunque los más intrépidos,  deciden evitarlo  y seguir avanzando un poco más para detenerse en ‘La Mariposa’,  una escultura en metal de casi dos metros de alto  que servirá para la foto del recuerdo muy seguramente en sus  redes sociales.

A lo lejos se ve…

Siete minutos después y cuando el aliento parece desfallecer por el alto grado de inclinación en la cordillera (aproximadamente 800 msnm), la primera vista de Villavicencio aparece sorpresivamente  a mano izquierda;  el cielo despejado y un tibio sol reflejan la  capital del ‘paisaje colombiano’  en aparente estado de reposo tempranero.

 Caso contrario sucede conmigo quien ya fatigado por el esfuerzo físico,  encuentro una ligera calma 100 metros más adelante al  cruzar la primera de las tres cúspides obligadas en la ruta. Un leve descenso de casi 150 metros y unos sorbos  de agua son bien recibidos por mí  ya extenuado cuerpo.

El clima señala que estamos a 28 grados centígrados, rango ubicado en el promedio  diario  que oscila entre 23 y 29°C,  según muestras consignadas en los registros de  la Estación del Aeropuerto de Vanguardia, muy a pesar que los habitantes de la zona  manifiestan que en las noches  estas temperaturas son mucho más bajas.

“Agüita para mi gente”

A las 6 de la mañana encaremos el penúltimo   ascenso de casi 300 metros seguido del último declive  aproximadamente de  200 metros  antes de la cúspide final; acá se observa perfectamente un puente protegido por mallas en sus dos bordes y se aprecia  en toda su magnitud  el cauce del Caño Buque, uno de los proveedores de agua en Villavicencio, según lo indica el informe ACSO – F – COR – 008 de Coopsol (Cooperativa Solidaria del Oriente) y Cormacarena, fechado en abril del 2005 determinando   según el censo de usuarios “que el mayor caudal captado corresponde a las fuentes altas de la Empresa de Acueducto de Villavicencio con 149.21 litros  por segundo, seguido de la Urbanización Llano Lindo con 54.8 lps y  el Condominio Villa Codem con 11.35 lps.”

A menos de un kilómetro para la meta lo más duro se aproxima. Un camino  que hace recordar los épicos ascensos de los pedalistas Lucho Herrera, Rigoberto Urán o Nairo Quintana en el Tour de Francia se vienen a la mente. A pesar que voy a buen ritmo,  es imposible no  asociar las imágenes de los escarabajos colombianos en las grandes competencias del ciclismo mundial con lo que estoy viviendo,  y solo el pasar por el sector de los puentes colgantes, hace que el pensamiento se desvíe por un instante tras   recordar la triste tragedia que enluto a la ciudad el pasado  enero del 2017.

Coronando la vereda

Una recta de 100 metros, giro a la derecha y remate con 20 metros de una endemoniada cuesta, permite ver por fin la luz al final del túnel, o en este caso, la entrada al polideportivo de la Escuela se conoce como Vereda El Carmen.  Son las 6:20 de la mañana y tras 50   minutos de física ‘infantería’,  como le dicen los soldados a las extensas caminatas con su fusil al hombro, hemos cumplido la  misión de pasar de 650 a 1200 msnm, como lo señala el aviso de Cormacarena denominado “Ruta Caminera” instalado en el inicio del trayecto.

“Gracias a Dios subí una vez más sin problemas” manifiesta mientras recupera energías  en la cancha de microfútbol Jorge Ruiz Parrado, odontólogo de profesión quien asegura tener 45  años, y en los últimos 2 se ha vuelto cliente habitual de este agreste pero turístico paraje.

Villavicencio desde la Vereda El Carmen, la mejor recompensa tras subir más de 3 kilómetros hasta la vereda.

 

Un vaso de 7 onzas con jugo de naranja, un pan integral recién salido del horno que vende allí en la escuela, junto a una  inmejorable vista panorámica de Villavicencio,  parecen ser el premio a la proeza de subir  3.5  kilómetros acompañados de árboles frutales, ranas de lluvia, monos sacay, micos nocturnos, pericos salvajes junto a diversa fauna y flora silvestre,  a la vista de centenares de  osados amantes del ecoturismo, que disfrutamos la práctica de la actividad física mezclada con la naturaleza.

Mientras preparamos el camino de regreso y aprovechando su presencia en la zona, indagamos  con el sub intendente de la Policía Nacional Robinson Orlando Vanegas Rubio sobre la seguridad para los transeúntes en esta zona rural de la ciudad, manifestando que “Un domingo por lo general se dispone de un promedio de 20 a 25 policías distribuidos en todo el sendero ecológico” enfatizando que también el Ejército Nacional también refuerza esta labor para darle mayor tranquilidad a los usuarios del sendero.

A las 6:45 de la mañana iniciamos el descenso de manera  cautelosa, presupuestada en 35  minutos al punto de origen,  dando  así por terminada mi travesía dominical de dos horas a unos de los parajes rurales más hermosos de Villavicencio  a tan solo unos pasos del área urbana, eso sí,  programando desde ya mi cita el próximo domingo, donde aspiro a que no sean 50 sino 48 minutos los que me demore en subir a la célebre Vereda El Carmen.

Por Alejandro Gómez Ñustes

Comentarios