Marco A. Parra G.

Villavicencio

Colombia, país de ciudades, era una frase repetida a mediados del siglo pasado, comparando nuestro país con otros de la región, y como el nuestro, por falta de una política de Estado, ha crecido demográficamente más que nuestros vecinos, sumado al reconocido desplazamiento de los campesinos a las ciudades, hoy, y en cortos períodos, nuestras urbes muestran unos cambios inimaginables. Por esta razón uno queda desconcertado cuando regresa después de unos años a una ciudad que creía conocer, y resulta perdiéndose en aparentemente, otra ciudad crecida y transformada. Igual o más asombro le causa a uno llegar por primera vez a una ciudad colombiana, supuestamente pequeña.

Esto me sucedió en este inicio de año cuando visité por primera vez la capital del Meta, Villavicencio. Quiero transmitir aquí mi asombro, que creció durante los tres días de mi permanencia en esa capital llanera, en la cual todo fue impresionante de manera positiva. Su infraestructura vial es excelente, con amplísimas avenidas de doble calzada, y hasta de 4 carriles por calzada, dotadas de anchos separadores, con jardines muy bellos y bien cuidados, profusa arborización y ciclovías de kilómetros de extensión, bulevares que cruzan la ciudad en todas las direcciones. Así que para cualquier desplazamiento, sea este de siete o más kilómetros, solo hay que conducir hasta la avenida más próxima, y mediante pasos a desnivel o amplísimas glorietas, todas adornadas con esculturas urbanas de calidad y cuidados jardines, empalmar con otras avenidas, hasta llegar cerca al destino, y entonces terminar este por calles en muy buen estado. Algo que jamás podremos hacer en nuestra querida Barranquilla.

Con una red de semáforos perfectamente sincronizados, alcantarillado pluvial en el que se destacan sus rejillas por toda la ciudad; muy bien conservados sus bordillos, calzadas, andenes y mobiliario urbano. Sus taxis con taxímetros, conductores amables y carreras muy económicas comparadas con las nuestras. Se conduce a velocidades acordes con esa infraestructura vial, que permite desplazamientos rápidos. Los conductores ceden el paso a peatones y a otros vehículos, y no obstruyen los cruces. La ciudad es un gran jardín, y pareciera que no hubieran derribado innecesariamente los árboles existentes en las zonas verdes y parques porque se aprecia como si el paisaje del Llano original se hubiera respetado.

Nuevos hoteles citadinos cinco estrellas y hoteles campestres de lujo; el centro fundacional donde se concentra el comercio tradicional está muy conservado y tan limpio como el resto de la ciudad. Su plaza central y edificaciones de Gobierno hacen parte del recorrido turístico obligado porque no generan vergüenza sino orgullo. Los grandes centros comerciales son tan modernos y monumentales como los de las grandes ciudades, pero con un plus que los hace únicos a nivel nacional. El C. C. Primavera, aprovechó el paso de un arroyo cristalino, y conservó adyacente a la mole, un área de más de una hectárea en la que con una costosa inversión desarrollaron el más bello paraje natural imaginable, pequeños lagos tipo estanques con grandes peces de colores, cascadas, senderos, puente colgante, vistosa información de fauna y flora. El enorme C. C. Viva ofrece una arquitectura tropical espectacular, el Único y Unicentro son otros centros comerciales de primer orden. Villavicencio, un destino turístico que bien vale la pe
na visitar.

Por:  Nicolás Renowitzky R. | nicoreno@ambbio.com.co | @nicorenowitzk

Tomado de: http://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/villavicencio-320238

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